Esto me da para compartir el maravilloso extrañamiento que siento al comprobar los mágicos efectos de ensoñación que genera siempre un escenario. Recuerdo la primera vez que esto me asombró. Era uno de mis primeros trabajos como bailarina de revista, hace muchos años, en el 82 sería, o por ahí. Me dieron un vestido raído para ponerme que se caía literalmente a cachos. Sus lentejuelas estaban complétamente deslucidas, quemadas de tanto foco. Lo habían sacado, por falta de presupuesto, de unos baúles que albergaban restos de vestuario de antíguas revistas. Me dió bastante reparo ponérmelo pero, por la timidez propia de la edad, no dije nada y me lo planté sin rechistar. Me sorprendió que el día del estreno, tras la representación, viniera a resaltar la prensa y el público lo bonito que era el vestuario. Aquello me desveló la magia que tiene un escenario y un foco. Aquí os pongo una foto de una revista de aquellos años en la que trabajé. Ese era el vestuario del número final, el "finalísimo" se llamaba. Quedan sólo dos funciones más en la Princesa: hoy y mañana. Besos!

4 comentarios:
Si es que siempres has sido una gran artista.
Jajaja, pues ayer fui a ver por segunda vez Los Ojos y les llevé cajitas de chocolate Amatller. Y esta tarde que voy a verte pensaba llevarte también una de esas cajitas modernistas.
Te copio mi comentario de Twitter: ¡¡¡Qué mérito tiene @esterbellver!!! Eso sí que es dejarse la piel sobre el escenario y meterse al público en el bolsillo. @centrodramatico
Sólo lamento que con la emoción olvidara darte la cajita. Seguro que habrá otra ocasión!!!
seguro! Gracias
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